jueves, 9 de febrero de 2012

VIVIR Y BUSCAR SIN PRISAS...

En estos días he terminado de leer un libro al que hacia tiempo le tenía ganas. Ha caído en mis manos ahora, en este preciso momento de mi vida.
Su titulo: "Elogio de la lentitud" de Carl Honoré.
Desde el principio me atrapó entre sus páginas agarrándome del brazo suavemente y llevándome de paseo por lugares que desconocía. Supongo que esa debe ser la mejor virtud de un buen ensayo, y este no cabe duda de que lo es. Primero por la idea que vertebra el discurso de Carl, y luego por la forma de colarse en las entretelas de tu pensamiento.
Me ha hecho sentir muchas cosas, y todas buenas. Me ha recordado otra lectura que dejó en mi la misma sensación de bienestar, de plenitud, de orgullo, de mucho orgullo.
Habrá quien se pregunte como un libro puede despertar el orgullo a otra persona, sobre todo si ni siquiera conoce al autor, y ni por remota posibilidad ha estado involucrado en su confección. Pero esa es la sensación que me invadió al terminar de leer "Lo pequeño es hermoso" de E. F. Schumacher, y que se ha vuelto a repetir al leer "Elogio de la lentitud".
Orgullo de pertenecer a la raza humana, orgullo de que a pesar de nuestras mezquindades y faltas, de toda nuestra torpeza y absurda animalidad convertida en excusa para no exigirnos aquello de lo que somos capaces. podemos crear belleza, podemos evolucionar y alcanzar lo que queramos. Pero lo más importante es que podemos cambiar e influir en todo lo que nos rodea.
Puede parecer estúpido, lo reconozco, pero eso es lo que siento, y lo que me hace reafirmar aún más esta emoción es que me gusta, me gusta sentir así. Porque a pesar de los informativos y los gobiernos, yo sigo creyendo en el ser humano. Quizás porque el día en que deje de creer en él, será el día en que deje de creer en mi mismo.
La lentitud que propone Carl en su libro hace mucho que debíamos haberla aplicado a nuestra vida, pero yo quiero hablar ahora del momento presente, y en concreto de mi momento presente.
Ahora, cuando todo parece haber cogido una enorme velocidad impulsada por la urgencia de una crisis que nadie quiere solucionar, debería imponerse el sentido común desacelerando primero las medidas - la mayoría de ellas torpes e ineficaces -, y luego las acciones - igual de torpes e ineficaces -.
Deberíamos pararnos, asumir nuestra incertidumbre y nuestro miedo, ver las opciones y estudiarlas sin prisa, pues la solución está en nuestras manos, sólo hemos de dejar que se manifieste.
Yo llevo en paro cuatro meses, y estaba notando como en mi interior crecía cierta ansiedad por no encontrar trabajo. Lo cierto es que tampoco estaba involucrado en una búsqueda activa, pues necesitaba este tiempo para pasar el luto por mi padre, fallecido hace muy poco. Y justo cuando esa sensación de incertidumbre y miedo se estaba apoderando de mí empecé a leer este libro. Sigo buscando trabajo, ahora activamente, pero mi ansiedad ha desaparecido, y mi visión del tiempo y la prisa son otras.
Estoy seguro que encontraré trabajo, pero cuando el universo quiera que lo haga, y es que es inútil acelerar lo que es inevitable.

Quiero terminar dejado una pequeña cita subrayada a lápiz en las hermosas páginas de este libro que tiene para siempre su sitio en mi corazón:
"Es inevitable que una vida apresurada se convierta en superficial. Cuando nos apresuramos, rozamos la superficie y no logramos establecer verdadero contacto con el mundo o las personas. Como escribió Milan Kundera en su novela corta "La lentitud"(1996): "Cuando las cosas suceden con tal rapidez, nadie puede estar seguro de nada, de nada en absoluto, ni siquiera de sí mismo". Todas las cosas que nos unen y hacen que la vida merezca la pena de ser vivida -la comunidad, la familia, la amistad- medran en lo único de lo que siempre andamos cortos: el tiempo."

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