domingo, 2 de octubre de 2011

EL MEJOR COCINERO DEL MUNDO

Hoy he tenido una sorpresa al leer el dominical de El País. He leído un articulo muy interesante sobre René Redzepi, considerado como el mejor cocinero del mundo, y su restaurante, el NOMA.

Hace pocos días hablaba aquí mismo de mi propensión a criticar y lo poco que me gusta leer periódicos. Pero parece que las noticias relacionadas con la gastronomía me persiguen, lo cual es un absurdo, pues yo no soy el ombligo del mundo y esto que creo que me sucede tiene una explicación mucho más banal.
La gastronomía está de moda, todos los medios que se precien tiene su sección o contratado a algún cocinero de prestigio que les suelte una recetilla con la que conformar a los cocinillas de pro que gustan de darse de entendidos en cocina.
De esto es algo de lo que se queja el mismo René al decir "que donde antes había diez grandes revistas de gastronomía hoy hay 200 bloggers" (y eso incluye a mi torpe y personal blog)
Ahí le ha dado, no cabe duda, a mi siempre me han hecho mucha gracia los entendidos, esos personajes con aire de sapiencia de ultratumba que dictan las opiniones como sentencias creyéndose sabedores de todos los secretos de la cocina, los vinos, el servicio, la carne, el pescado... en fin, sobre casi todo.
Si lo pensáramos un segundo seguro que todos conocemos a alguien así, y está bien, ojo, no lo critico, tan sólo lo padezco, como se padece un resfriado o un dolor de oído.
Pero volviendo al artículo, clarificador en muchos aspectos para quien no conozca el mundo de los restaurantes de prestigio, a mi se me despiertan demasiadas sensaciones y emociones contrapuestas.
La primera es la suerte de todos esos cocineros de menos de treinta años que son admitidos como trabajadores - suerte siempre matizada, pues no creo que nadie les regale nada - en el Noma, y como esos mismos restaurantes se aprovechan de ese entusiasmo para poder acometer su trabajo. No cabe duda de que queda bien en un currículum haber estado en el Noma, en el Bulli, o en cualquier otro restaurante de prestigio.
Luego la honestidad de René tiene un peso importante en toda su argumentación. Es su momento, le ha costado llegar hasta ahí, seguro, olvidémonos quien tiene detrás, siempre hay alguien detrás. ahora está en el número uno, Dinamarca es un destino turístico-gastronómico gracias a él. Yo sólo puedo desearle la mejor de las suertes y que lo disfrute.
Poco podría comentar sobre la cocina que realiza René, salvo que me gustaría probarla, que utilice lo que tiene a mano y quiere aprovechar lo que su tierra le da sin pedirle nada a cambio me parece algo fantástico.
Quizá esté dando una pista importante de hacia donde debe ir la cocina en este próximo siglo.
No sé si mi vida me permitirá ir algún día a Dinamarca, tampoco será algo que me quite el sueño, sobre todo cuando con una copa de palo cortado y una tapa de menudo acompañado de quien me quiere y quiero basta para hacerme feliz.

domingo, 18 de septiembre de 2011

SE ACABÓ EL VERANO

Justo eso, se acabó el verano.
Y que se acabe el verano no es que se acaben las vacaciones, la playa, las barbacoas y los días de no hacer nada. No. Que se acabe el verano significa que se acabó el estrés, el calor sofocante frente a la plancha, la freidora o la parrilla, los servicios eternos a toda pastilla, los problemas y tensiones entre compañeros, jefes y clientes.
Que se acabe el verano significa también que muchos se quedan sin trabajo habiendo sobrevivido un año más a otra temporada estival.
Para mi significa que se acaba un año bastante complicado en lo personal, pues en pleno agosto se me fue mi padre. Hay cosas que es mejor que no ocurran nunca pero si lo tiene que hacer que no lo hagan en verano. (Te quiero papá, gracias por todo lo que me diste y aún me sigues dando)
Que se acabe el verano para algunos, como yo, significa que siguen su camino en busca de nuevas cocinas, nuevos retos y desafíos para seguir creciendo en esta profesión nuestra. Atrás quedan compañeros y amigos que han compartido con nosotros el infierno de los servicios del verano, atrás quedan muchas vivencias y experiencias, algunas enriquecedoras y otras para olvidar.
Imagino que quienes lean esto y se dediquen a la cocina sabran de que estoy hablando, los que no podrán "fácilmente" imaginarlo. A todos les deseo un gran otoño y un mejor invierno. 
Nos vemos el verano que viene. 

viernes, 16 de septiembre de 2011

MI PROPENSIÓN A CRITICAR

Siempre que leo un periódico, cosa que como me enseñó mi viejo amigoThoreau hago de tarde en tarde, acabo prestando atención a las noticias relacionadas con la gastronomía, quizá por defecto profesional, y siendo como soy un espíritu critico la mayoria de las veces no me gusta lo que leo.
 La primera sensación que me asalta es que la gastronomía se está convirtiendo en un reducto elitista para gente de alto poder adquisitivo, gente que puede presumir de su estatus por la facilidad con que consiguen mesas en ciertos restaurantes de prestigio.
No podemos negar que es una parte del negocio, negocio lucrativo fomentado por los propios restaurantes que estan enfocados a esa distinguida clientela. Alguien podría argumentar que eso siempre ha existido, que el lujo y el placer siempre han estado presente en todas las culturas, con gentes que han podido disfrutar de cosas vetadas al resto de los mortales. Y es cierto, nada que objetar. Siempre ha habido clases, incluso ahora, a pesar de lo que digan algunos.
Pero de lo que yo quiero hablar es como con el augue que en los últimos años ha experimentado la gastronomía, paralelamente ha crecido toda una caterva que ha acumulado un poder excesivo, llamense cocineros de renombre, criticos gastronómicos, publicaciones y webs de todo tipo que se han dedicado a hablar de mil cosas, de mil sitios, de mil productos, en fin, de demasiadas cosas hasta convertir el jardin de la cocina en un fangal donde uno no sabe por donde pisar sin que tus pies acaben llenos de barro.
No escribo esto porque esté en contra de todo eso, que también, si porque me da la sensación de que algo hemos perdido en el camino, algo que de pronto parece que algunos empiezan a reclamar.
Lo que este humilde bloguero cree es que dar de comer no entiende de clases ni de condiciones, porque no las tienen quienes día a día ejercemos esa hermosa profesion de cocinero alimentando a millones de seres humanos que esperan el sustento básico de la vida.
Y sin caer en una idea simplista, lo que quiero defender es que los productos gourmet, exclusivos y caros, los restaurantes estrella michelin,
 los cocineros que gracias a su trabajo se han  hecho un nombre, los periodicos y periodistas dedicados a la gastronomía, y todos y cada uno de los implicados en un sector como es el de la restauración, mirasen alguna vez a su alrededor para que se percatasen de todo el trabajo que queda por hacer, partiendo desde donde lo debieron hacer en un principio, desde el origen, desde la sencilla idea de que con nuestro trabajo lo que hacemos es dar de comer.
Para mi es un acto mágico, pero claro, ¿quien soy yo si no un simple indigente del espíritu?